martes

Poema de Paola Gallo (Uruguay)




El flechazo
Para Lucio


Curioso encuentro
ayer me flecharon dos cavernas luminosas, se mostraron tus dos
huecos, te vi
mirarme, órbita absoluta.

Luego, la vida sigue su curso
se prolonga el tedio, la costumbre ramplona en procesión y yo que me voy sin freno,
insignificante detrás de ellos, sin embargo
en ese instante flechazo
vi el latido donde te alojaste pleno / la cavidad de un milagro se
mostró entre grietas.

Un día entero entregado a la nada a cambio de este poema dedicado
a tu luz
Tu mirada alumbró eso que se cuela y no tiene nombre ni tiempo,
como rendija, sutileza o anomalía inadvertida, te enumero, donde tendrás
mi niño
que enterrar fuerte la uña, sobre la superficie plana de los días.

(De Ov Fab)



Paola Gallo (Montevideo, 1980)

Poeta y ensayista, reside en México desde 2011. Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, actualmente se encuentra cursando el doctorado en la misma institución. En poesía publica Alimaña (Editorial Estuario, 2011; 2do. Premio Nacional de Literatura organizado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, 2010) y Ov Fab (Editorial Literal, 2016). Publica también el ensayo El decir de lo indecible: los rodeos del deseo en la obra de Alejandra Pizarnik (Editorial Estuario, 2011; 1er. Premio Nacional 2010 por la categoría ensayo del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay).

jueves

Del libro "La edad engañosa", de Melina Paccini (Perú)





Llegaron a la casa pasadas las cinco de la mañana, en el auto de Rómulo. Él los llevó y luego regresó al Hospital, para acompañar a su esposa. Gloria había regresado más temprano a su domicilio, con Delia, acompañadas por Sixto. Kuntur no dejó que nadie de la familia se ocupara de Kotaro. Él solito lo ayudó a subir las escaleras, y a entrar a su habitación. Y luego le subió la cena que Maya y Ángel prepararon en tiempo récord. Jaime, sin palabras, le dio a entender que estaba de acuerdo. Sabía perfectamente bien que en ese momento la medicina era irrelevante. Kotaro y Kuntur merecían estar juntos para sanar, gracias a su amor.

– No sabe tan bien como lo que yo preparo, pero al menos te repondrá las fuerzas…
– ¡Jum! ¿Y quién te ha dicho que cocinas rico? -estaban ambos sentados encima de la cama, viendo un programa cómico. Kotaro llevaba la pierna izquierda vendada y colocada sobre un almohadón grande que Kuntur había traído de su propia habitación, mientras que el joven estaba sentado a su lado, con su hombro y cadera derechos pegados a los suyos.
- Desde que llegaste sufro de estreñimiento-empezó a reír por culpa de su propio comentario.
– Ja, ja, ja, muy gracioso. Pero bien que te comes todo cuando cocino.
Dame tu plato -lo recibió y se acercó a la mesa para dejarlo junto con el suyo- bueno, es mejor que descanses. Debes estar adolorido, te ayudo a cambiarte.
– ¿Eh? -se ruborizó y bajó la mirada- Yo… yo puedo solo…
– Kotaro, estás convaleciente, una vez más. Te juro que no voy a hacer algo malo -fue su turno de sonrojarse, su comentario le trajo a la mente lo mencionado por Gloria en la montaña- apúrate, ¿dónde tienes tu pijama?
– En… en ese cajón -señaló el segundo cajón de su cómoda. Kuntur
lo sacó y se acercó a él. Ambos temblaban imperceptiblemente yo… yo me quitaré el polo y el pantalón…
– Hasta pareciera que piensas que puedo dañarte…
– No es eso… Yo -bajó la mirada.

Kuntur entendió que la mente de Kotaro estaba procesando la misma información que la suya. En dos semanas, quizás sería otra la persona que estuviera, de forma brusca, ayudándole a hacerlo.
Se sintió enfermo, pero decidió que lo mejor era no permitir que el joven se asustara antes de tiempo. 

– Te entiendo. Sin embargo, ¿puedo hacerlo yo…? Quiero… quedarme con este recuerdo. Nunca antes me has permitido ayudarte a hacerlo… -aunque el trasfondo no era del todo inocente, la voz de Kuntur sonó demasiado dulce como para ignorarla.
– ¿No te vas a burlar?
– ¿De qué? -le quitó el polo. Aun se notaban las marcas de la paliza que le había aplicado Gloria, confundidas con las nuevas ocasionadas por el accidente.
– De mi falta total de músculos… -flexionó su brazo derecho, y ambos comprobaron que, al contrario, tenía unos músculos muy firmes, aunque no exagerados. Para desgracia de Kuntur, quien intentó disimular su turbación.
– Deja de decir idioteces. Mete el brazo -una vez puesta la camisa,

Kotaro la abotonó, mientras Kuntur se ocupaba de los pantalones. En este punto, no hablaron. Hicieron el cambio casi mecánicamente- listo, señorito. Puede usted dormir tranquilo.

– Gracias, senpai… -Kuntur parpadeó, confundido. Luego, sonrieron.
– Es la segunda vez que me llamas así… me has desobedecido desde ese primer día de escuela…
– Lo lamento. Pero, esa palabra, aunque respetuosa y cantarina, me aleja hasta cierto punto de ti -Kuntur se conmovió- Hum, ¿podré tomar algo para quedarme dormido?
– Prefiero que no, podrías tener una reacción desfavorable con las otras medicinas. Si gustas puedo quedarme aquí -nuevamente se sonrojaron- ¡Eh! Digo… hasta que te duermas…
– ¿Te… puedes quedar… hasta mañana? -no se miraron. Pero
ambos sabían que sí.



Melina Guadalupe Paccini (Lima, 1982)
Ingeniera Ambiental de profesión, desarrolló la afición por escribir desde muy temprana edad, gracias a un trabajo escolar de literatura. Ha desarrollado textos narrativos originales, así como también adaptaciones multitemáticas de animes y series, y algunos poemas.

La Edad Engañosa es su primera novela publicada, y su favorita por tratar un tema que aún la sociedad suele observar como tabú, o como un engaño social, pese a ser, como todo en la vida, una verdad subjetiva o absoluta, de la realidad de cada ser humano en su verdadera esencia.

lunes

4 poemas de Stanley Vega (Cajamarca, 1972)


SOLO QUIERO DESPUÉS DE MUERTO

vivir navegando en la memoria de un ave.
Alimentarme de insectos
en tanto recorra las ramas
de una estación cualquiera.
Despiojarme las alas.
Beber agua turbia de los charcos
pasada la lluvia
y cagar
cagar mientras vuelo
sin pensar en mi última lectura
o el sentido de mis huellas
dejadas en esta existencia.
Solamente olvidando,
olvidando esta terrible idea de ser humano.




NO ES MI ROSTRO

al que nombran.
Ni es mi voz
a la que sus oídos
persiguen y atrapan
cotidianamente.
Estas no son mis carnes
como tampoco son estas
mis sonrisas.
Nadie supo de mí
en calles, burdeles,
parques o estaciones de bus.
La ciudad entera se mintió
sin siquiera conocer su mentira
No soy yo éste.
Yo soy aquel,
esa pequeña y distante figura
que acaba de perderse
bajo la sombra de la luna.



¡DESORBITACIÓN! ¡DESORBITACIÓN!

¡Digo desorbitación levantando la voz,
la barbilla hacia el cielo, abriendo los brazos,
comiendo aire a grandes zancadas!
Y la tierra precipitadamente se descuelga
luego de un estruendoso crujido
de articulaciones
en el cuello mismo de universo.
¡Esto es el fin!
¡Jaaaa-ja-ja-ja-ja-ja ttkuff!
Estiro los dientes para cogerme
de un árbol cuyas hojas son de papel
y aun prendido allí
no dejo de percibir en mis oídos,
patalean gritos de millones
y millones de terrícolas
que inusitadamente han salido
volando como moscas
hacia el tenebroso espacio.
Aquí los cielos son cachetadas oscuras
¿Adónde iremos a estrellarnos?
¡Y la tierra sigue cayendo! ¡Que siga cayendo!
Es una gota marroncita.
No, es un fabuloso testículo embarrado
que ya ningún endiosado individuo sostiene.
¡Vamos a morir!
¡Que la tierra vuele en mil pedazos
y yo muera cogido a estas hojas!



INSISTO EN PERMANCER

adherido a las ramas de la vida
Insisto en ser aquel musgo abandonado
que regocija su alma
con cada gota de lluvia
y que cuando llega la tarde
observa reptar a la penumbra.
hacia sus vistas.
Yo soy un muérdago solitario.
Crecí en el vacío.



Stanley Vega Requejo
(Cajamarca, 1972)
Nació en Santa Cruz (Cajamarca), pero reside desde muy pequeño en la ciudad de Chiclayo. Estudió Educación.
Ha publicado los poemarios Soliloquio de las Hojas (2003), Danza Finita (2009), Poemas para no aburrirse (2013) y Casa de mascotas (2014).

Actualmente dirige y edita la revista de ideas, creación y sociedad Entera Voz. Además, es director del sello editorial Prometeo Desencadenado. Estos poemas pertenecen al libro Inútil inventario (2002/2016).

domingo

5 poemas de Diego Mora (Costa Rica)




Espacio 6-A


Soy una Volkswagen Combi ’72.
Si se imaginaran mis viajes y anécdotas
añorarían una puerta corrediza como la mía.
Adquirí cierta fama
cuando unos jipis
me pintaron flores
y conocí toda la costa caribeña centroamericana.
En la ciudad
se la pasaban pegados todo el tiempo
y más de una vez
sus compas me ayudaron a salir
de fiestas y resacas
hasta algún tallercito
para reparaciones de urgencia.
Luego los jipis
se hicieron yupis
y pasé a manos de coleccionistas,
luego agentes de ventas
y dueños menos aventureros.
Finalmente conocí a los chiquillos.
Gracias a ellos salí del clóset.
Todos los fines de semana
vamos a La Avispa
y Bochinche
con sus amigos
que saben usar tan bien
mi parte de atrás.
Lo único que lamento
es no haberme protegido.
Ahora tengo una fuga de líquidos
por exceso de kilometraje.
Dicen que ya no hay repuestos para mí,
pero no me puedo quejar.
Mi puerta corrediza
sigue bien lubricada,
dispuesta a montar
a cualquiera
que se apunte
a un buen ride.




Calle 151, 8 am 

Soy un Mercedes Benz Axor 2540
y huelo a mierda.
Sí, soy un camión de basura,
¡y qué!
Me criaron para llevarme sus cochinadas.
Con el tiempo uno se acostumbra al olor,
a los pitazos y madreadas.
A los zaguates que me persiguen
incansables
en cada barrio.
A las calles sin salida,
a las doñas en bata.
Luego compacto sus bolsas
y chorreo un caldo concentrado
con sus desechos.
Me encantan las jachas que ponen.
En el vertedero
los zopilotes y buzos
se pelean su cantonés,
su pan mohoso, las botellas, latas
y sombrillas del año pasado.
Siempre quiero más
y ustedes son complacientes.
Esto de la mierda es adictivo.




Taller mecánico Chito's


Soy un taxi con síndrome de estrés post-traumático.
Este local se ha vuelto mi hogar
desde hace varias semanas.
Tengo mucho frío,
me duele la transmisión
y los frenos.
De todas formas
ya no quiero volver a la calle.
Tengo pesadillas con lo ocurrido.
Cada  noche se me parte el alma y la carrocería.
Cada noche revivo el terror,
doy cinco vueltas en el aire
y cinco más en suelo.
Todas las noches
me convierto nuevamente en metal corrugado,
en una alfombra de vidrio
y sangre en la pista.
No puedo borrar
el rostro desfigurado del chofer
ni sus piernas separadas del cuerpo.
Se me hace imposible mantenerme en pie.
Si alguna vez salgo de este taller mecánico,
juro que me dedicaré a perifonear
o a vender huevos.




A handshake of carbon monoxide with no alarms and no surprises

(Thom Yorke)


Nuestro amor terminó en accidente de tránsito
como un ladrón asesinado por la espalda.
No fue huracán ni terremoto.
Más parecía un campo de batalla
después de la batalla.
Nuestro amor cayó en desgracia
como una bacteria en el cerebro.
Niño estrábico
hallado al día siguiente
en pedazos.
Nuestro amor amaneció muerto
como una bala perdida
en la sien de un día cualquiera.
Así nomás. Sin dar aviso. Sin preludios.
Desobediente. Hecho témpano.
Sin misericordia ni tiempo para la conmoción.
Como un accidente de tránsito
sin explicación ni sobrevivientes.




Piensa que tal vez mañana yo ya estaré lejos

(Consuelo Velásquez)


No te voy a dedicar ni un sólo poema.
Los antecedentes no son halagadores.
Así que tranquila.
Lo que pase entre nosotros
quedará en el anonimato.



 Los textos pertenecen a Monóxido de carbono (Hanan Harawi Editores, 2015)


Diego Mora
(Vásquez de Coronado, Centroamérica, 1983)
Escritor, docente e investigador. Doctorando en Estudios Culturales Latinoamericanos en la Universidad de Cincinnati. Maestría en Literatura Latinoamericana por la Universidad Estatal de
Nuevo México y Licenciado en Psicología por la Universidad de Costa Rica.
Ha publicado: Tótem Suburbano, San José, 2006. Estación Tropical, Guatemala, 2010; Educación con Medios (académico), Berlín, 2011; facebookatura, ebook, Amazon, 2012; Las meseras del Park Ave Cafe, México DF, 2013; Peter Pan 220, Quito, 2014; y muchas cartoneras. Se pueden encontrar trabajos suyos desparramados por las paredes con el tag orgasmoeterno.

Web: luisdiegmora.wix.com/orgasmoeterno.

martes

3 poemas de Berta García Faet (España, 1988)


DAÑO Nº 18



Creer que estás embarazada

Querer sexo (querer que quieran sexo
contigo) pero pasar el viernes sola

Ponerte en el pellejo de la hermana de Celan
que nunca apareció

Ver llorar a un anciano
que ha visto un reportaje en la televisión pública
sobre el abandono de ancianos; su triste párpado de repente
chasquea

Ir al ginecólogo y decir
creo que estoy embarazada

Desmayarte de nervios y dolor; el doctor te hipnotiza
con su insulto feroz: “no sé por qué, querida,
te duele tanto este dilatador: es
para vírgenes”      

Decirle a tu madre
he ido al ginecólogo
porque creía que estaba embarazada

Ah, ¿ya mantenéis relaciones sexuales completas?
Y sin precauciones, estoy decepcionada

Ver que tu madre está decepcionada, tu
madre está
decepcionada

Ponerte en el pellejo de Celan
que jamás encontró a su hermana
imaginaria

Ponerte en el pellejo de Gisèle porque
Celan intentó estrangularla porque
jamás encontró a su hermana
imaginaria

Querer gustarle pero él te dice
si quieres vamos a mi cuarto o a tu cuarto

Lleváis apenas 10 minutos
con los besos no te fías
de él

Querer sexo pero no fiarse

Ah, ¿pero querías algo auténtico?
Y sin precauciones, estoy decepcionado

Me dijiste que tenías el corazón atado
al tobillo

Lo siento lo solté un momento me dormí
y se me escapó

Es un desobediente

Muy mal muy mal pídele perdón al chico

Perdón

chico

La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015)



poema sobre mirar el cielo de noche y pensar muchas cosas



yo que opino que la hipermetropía es una manera legítima de existir y que intento ser buena persona y que estudio mucho ética y metaética y yo que lloro mucho con david hume y con los galgos maltratados y con los viejos maltratados y con la contaminación de las heces de las gallinas y sus obscenas celdas del tamaño de un folio A-4 y sus viscosas fiebres del tamaño de un subcontinente y yo que creo en los tirabuzones de los páramos y yo que ignoro todo y que me pregunto qué hacer con el mundo y su cabello cardado y reseco y cómo tocar sus huesos arcaicos y su praxis y el humo de su belleza impenetrable y yo que siempre siento la presencia de un muro fratricida del sabor umami de la leche cuando quiero verter una palabra amable y desaliñada en la gorra entreabierta del mendigo y yo que sé bastante del amor y que lucho aunque con sueño o con sueños excesivos a favor de la pandemia global de perdón y de esperanza y de cursilería que arrase el planeta tierra tal y como lo desconocemos de una vez por todas y yo que sueño excesivamente sueños de carácter excesivamente erótico y a veces perverso y abrupto y que nunca le perdonaré a mi especie auschwitz el dinero el niño muerto y yo que olvido mucho y que propongo encender una vela con todos vosotros juntos para recordar todos nuestros olvidos y yo que hurgo en la ranura del logos y no encuentro nada y yo que tengo un progenitor A y un progenitor B y un hermano y una hermana y yo que aun así ignoro todo de la muerte y me pregunto qué cantar cuando anochece y qué cantar que no insulte al famélico o al translúcido o a la mujer bajo las piedras del odio y yo que tirito con virginal desasosiego en el instante crítico de tener que elegir color favorito yo me río un poco con envidia, un poco con amargura, sí, un poco con resentimiento, me río de la seguridad ontológica del hombre medieval, sus ojos tranquilos, enternecedores

La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015)

CUESTIONARIO PRE-MATRIMONIAL




¿Nos vamos a vivir a un falansterio?
¿Has perdido mucho el tiempo?
¿Escribir libros tristes es adaptativo?

¿No hay cuerpo que no sea, a largo plazo, música?
¿Te drogas? ¿Crees en algo? ¿Eres salvaje? ¿Eres anarquista?
¿Teísmo, flechas, ritos, pasos?
¿Estrías, ascuas, teína, ateísmo?

¿Has resbalado por el páramo con una décima de fiebre?
¿Ríes a carcajadas por el páramo con una décima de fiebre?

¿Escuchas el silencio histriónico de la palabra harpa?
¿Escuchas el silencio histriónico de todas las palabras?
¿Escuchas el silencio histriónico del imperativo abrázame y,
verbalizándolo, me abrazas?

¿Plagian, pero mal, las palabras a los grajos?
¿Los textos de los cuervos? ¿Los cloqueos-contraseña?
¿Y el vapor, y el pespunte? ¿La diástole, el párpado?

¿Es una herida fresca?
¿Tienes mucho calor?
¿Nihilismo o pétalo?
¿Nihilismo o pétalo?

Inédito


Berta García Faet (Valencia, España, 1988)
Es autora de los libros Los salmos fosforitos (La Bella Varsovia, 2017), La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015), Fresa y herida (Premio Nacional de Poesía “Antonio González de Lama” 2010; Diputación de León, 2011), Introducción a todo (IV Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”; La Bella Varsovia, 2011), Night club para alumnas aplicadas (VII Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”; Vitruvio, 2009) y Manojo de abominaciones (XVI Premio de Poesía “Ana de Valle”; Ayuntamiento de Avilés, 2008).