viernes

Texto de Boris Espezúa Salmón (Puno)

Uruy Uros: La Danza de los Peces


 La danza es dirigida.
Y solo el elegido vé. 
(...) la sangre pétrea y solar.

John Martinez


En medio del Lago Titikaka, donde pululan los verdes Moscardones, en una isla donde duerme el sol, los balseros Puli-pulis se desembarcan,
forman tres filas, una de hombres, otra de mujeres y la tercera de piedrecillas para convocar a los espíritus ausentes.
Empiezan a colgar sus collares de Peces diminutos alrededor del cuello y cuelgan también pequeñas balsas de totora en sus pechos, para disponerse a danzar al alba y adorar a las aguas del sagrado lago.

En medio de la danza elaboran el chuño, pisando la papa con gruesas capas de hielo, en la escarcha todavía se refleja el ojo morado de la noche,
teniendo de guardianes a Perros blancos contra los malos augurios. Los Peces sin ojos viven en el fondo del lago y sueñan con ver la luz que se enreda en la tierra y amarra los espíritus liberados, aquellos que van al picoteo dentro del reyno de la levedad, donde carambolas absurdas y endiabladas se esfuman en el aire.
La fiesta ocurre dentro de la carne, dentro del torrente sanguíneo que enrojece la sombra. Dentro de mí, baila una aguja de dolor de siglos que no termina de hincarme.
La danza llaga en los dedos de mis pulsiones, en los altos de mis sudores, en los táctiles rumores fiestos de mis quebrantos.

 Kusillo:
 Soy un demonio feliz, tengo el cuerpo recosido, roto,
 con la luz de mis pulsiones con flecos de cuero de
 segunda donde están las salpicaduras de las moscas.
 Salgo todos los setiembres y los febreros a desbalancear
 mi cuerpo y a desbaratar mi cabeza, por el hemisferio lateral.
 Llevo el resplandor de una llave oxidada para abrir alguna
 puerta que guardo para el futuro con un solo recuerdo
 que tiznea mis ojos.

Si el cielo está lleno de estrellas está abierto y acogedor a junio, que es el mes de las heladas de donde sale el buen chuño.
También alrededor de un cactus macho que sirve de santuario se rotura la tierra para asegurar la cosecha.
Se arroja al atardecer algunos chuños ya elaborados en las bravas aguas de la Mamakota para pagar el suelo bendecido.

La tierra dialoga con los astros chacareros, mientras la luna pasa por el cenit y el nadir, el lucero del danzante cruza los equinoccios y los solsticios.
El danzante que además es cazador de aves submarinas y peces voladores, ofrenda su danza al padre sol,
se arrodilla y llena sus manos con un puñado de tierra, que va rociando a sus costados.
Amarra hojas de coca y conjuntamente con la tierra lo entierra con tres escupitajos en un pequeño montículo hablando su lengua antigua.[1]

Hay algo de sagrado en esas ruinas que han acumulado en el pecho, es un apéndice astillado en los arrebatos de los excesos, en los remolinos del corazón, en las costuras de la sombra herida, en el espacio que he desarropado por vestir al aire.
Oteando por el viraje del viento, por el oleaje de los ensueños, los ocasos que me destruyen con su belleza baldía desde adentro.

Hay que buscar al Pez mayor bailando debajo de la lengua, hay que asegurarse que su sombra no se separe del desmelo de sus sueños y termine siendo un ripio Pez.
Para ello los pies en su ofertorio, se elevan a la altura de su fe. Más allá de su cabeza donde tiene un atuendo con plumas oscuras de Parihuana.
Las edades se juntan en la frente, se temporalizan los movimientos y al ritmo de los quenachos vuelan las aves de su pecho,
dando una invocación a los espíritus, clamando venir la lluvia, que reverdezca los sueños y que llene el hambre partido y desértico.

La danza tiene su lengua mojada de tempestades y paraísos, dos quebrantos que parten el sabor de sus anagramas, de su vocabulario indecible.
El báculo de los danzantes surca y corta el aire al ritmo del tambor para no voltear los sueños.
Para guardar en sus lenguas fardos enmudecidos, como cielos violados por tormentas en desdicha.
Es la lengua que se anuda de nuestros antepasados desde la profundidad pulmonar de nuestras heridas que estremece el fuego con su látigo que viene de lejos, como un duro sopapo del viento.
Esa lengua quitasueños, abre el corazón donde el grito despierta de a pocos con el ojo de una Mosca, ojo ciego que tiene la sabiduría de las sombras.

 Kusillo:
 Mi sombra adelgaza todos los días, cuando
 debajo de la noche y del aguacero tiembla
 el cuerpo.
 Tengo la mano encallada y voy dando vueltas
 en las danzas en un tiempo que me desconoce y
 me trata como una escarcha. Los Anchanchos son
 mis antepasados, quienes perviven en mis genes,
 donde corren las memorias oyendo el esperado
 llamado de Wiracocha. Se oyen violines en el aire
 y mi jodido parentesco con la nada se esfuma.

Esta lengua arroja sus Mastodontes rupestres, los primeros camélidos con su saliva sagrada.
Es lengua de danzante grotesco, infinitamente soledoso que como bola de fuego, rueda desde su arqueología para aplastar los universos. Es lengua de azahares sórdidos, lengua de perfumes alucinados.
Somos los danzantes sin nostalgia que nos zigzagueamos con el modal del cosmos.
Cuando el mal greda desprovisto, el espíritu zarandea sus figuraciones sin límites con su propia energía enciende los espectros del desahogo y la letalidad.

Los pies nuevamente se elevan a la altura de la fe. Se apura la danza para no salar su efecto y desatar más bien un cielo para que cargue en sus nubes la lluvia y sus curaciones a la tierra.
Una Mariposa que se posa en la piedra batiendo sus alas, confirma el éxito del rito, la buena vibra de los espíritus, junto a una Lombriz que se hunde en la tierra.

Los pies dejan de elevarse, en señal de fe el danzante cruza los brazos y abraza extinto al sol que ya se oculta,
cae de rodillas y de sus manos abiertas vuelan a contraluz las Aves blancas de su plegaria, hablando su lengua antigua. 
Hasta que el sol que amarra todos los misterios, de costado desata una tormenta, a la altura de la fe del danzante de la lluvia.
Los Peces se ocultan para romper el hechizo de que una salamandra aparezca a media noche en algún cuarto de totora para morder mortalmente el cuello de los infieles.
Los Peces se ocultan también cuando danza el céfiro, en su calentura y hace atravesar la noche para enfriarse de madrugada al filo de los verticales aguaceros.

 Ayarachi:

 Se danza mimetizándose con la naturaleza
 inspirado en el movimiento de las olas
 cadenciosas y ritualistas.
 Las danzemas de esos pasos, repiten el rito
 de hace muchos siglos: Sacralizar el dolor y
 hacer del tiempo un Erizo en la garganta.

Los Peces resbalosos tienen relámpagos en los pies y agradecen a la naturaleza por el alimento. El sol ya no danza en los trapecios de tus ojos.
Las aguas se tiñen de rojo cuando los danzantes derraman el chokori o el tinte que han mezclado con hojas y sangre de Gaviotas.
Así la Rana gigante que habita en el fondo del Lago sagrado, procurará la multiplicación de los Peces.
Los pescadores mezclan el chokori con barro para pintarse el rostro, los brazos y las piernas,
y asemejarse a la naturaleza pintada de magia que nos rodea, mientras los Perros blancos también danzan con el crepúsculo en la orilla, saludando a las nuevas aguas fértiles.[2]

Caída la tarde la espesura de la luz trinca todavía con el taconeo de la luna, cuando aparece la noche en el vértice del horizonte.
La danza de los Peces clava al aura sus últimas palabras, con su latido de soplo, sin su queja de olor a pescado, con un sol enterrado, picoteándome los ojos.
En algún lugar Manco Cápac hace reventar una ola gigantesca al intemperie, haciéndola caer en forma de paraguas con sus cristalinas chispas artificiales, que con aplausos salpicantes de agua, se despiden de su milenaria danza.


Boris Espezúa Salmón (Puno, 1960)

Es abogado y profesor egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
 Tiene publicados los siguientes libros: A través del ojo de un hueso (1988), Tránsito de Amautas y otros poemas (1990), Alba del pez herido (1998), Tiempo de cernícalo (2002).
El año 2009 obtuvo el Premio Internacional Copé de Oro, con el poemario: Gamaliel y el oráculo del agua.
 El texto reproducido aquí pertenece al libro Máscaras en el aire. 








[1]Santiago: El hombre con la máscara cree haber asimilado el poder animal, cree y se convence que siendo otro es verdadero y pleno, para realizarse en su inauténtico mundo, es el otro que desvanece el yo.

[2] Santiago: Rompiendo los arrecifes el Pez de oro saldrá de un Caracol, y el tiempo silbará de nuevo a los eclipses lunares, para el nuevo polen, para el nuevo cuerpo de azufre, para el nuevo rostro iluminado.

Tres poemas de León Félix Batista (República Dominicana)


Música ósea

(fragmento)

los cuerpos no son cuerpos si no son infrarrojos y translúcidos del todo a contraluz
músculos en blanco y negro, líquido multicolor drenándose después del tableteo
¡cuerpos, cuerpos! cercanos a no ser, desparramados
montones de basura hospitalaria, desperdicio fenecido en concepción
y cuerpos que se arquean cada vez que los escaldan, y confiesan, suspendidos en ganzúas
y que han sido biografiados por las uñas en los muros de las celdas de castigo
expulsados de su fuero, sin la ropa en la espesura: la cruel epifanía del esfínter sin control
la sutura que supura un proyectil, la resina que desprenden los disparos
tumulto, sub-personas como gorrión común: cardúmenes de macarela, krill
cuerpos llenos de abyección, en el óxido de sí, predispuestos a anularse en su repliegue
vendavales adventicios en madeja imaginaria por la velocidad de arrasamiento

delirando en la marea, macerándose en el lodo: suculencias en pedazos como peces
pero hay cuerpos que están hechos de naufragios y procrean el colapso de las cosas
estos cuerpos son compuestos por muñones, disecados tras estratos de paredes
o pedazos que se oxidan como parte por el todo, rastreados por jaurías en la niebla
bajo lluvia, frente al resto, desvestidos a mil voltios, y vendados y pasados a cuchillo
reprimidos en sí mismos, en sus masas, con las vísceras por fuera sobre asfalto
emboscados en cavernas de arrecifes, esfumados de la foto, exterminados
abatidos, secuestrados, diluidos en cisternas, retenidos por el humus de una ciénaga
otros cuerpos tienen miedo: oprimidos y estuprados en sus pétalos violentos
y después son osamentas que descubren los deslaves, con las uñas maceradas, como cebo de rapiñas
en sarcófagos, en bolsas, en cenizas, como parte de las sobras de un siniestro
embutidos en un pozo, con cañones en las sienes donde crece un agujero imaginario
fracturados, de rodillas a comer sus excrementos y con larvas que reviven sus heridas
con el sueño trastocado, su pasado todo atroz, sus familiares

cuerpos nulos, conculcados, cubicados por un láser en sus plexos

recordados por nosotros, pero desaparecidos


Los gatos de Aldaburu

                                             A María Inés, en Buenos Aires

Los gatos son constantes vertebradas en el tedio. Los gatos, en instinto, son preguntas.
¿Cómo ensanchan ambas córneas en lo oscuro cuando inquieren por el iris de un espejo?
Su mutismo sibilino es lo que intriga, pero en toda la egipcíaca estructura: ¿cómo pudo no escurrirse por las grietas la misiva tan felina de una mole?, ¿cómo pasa por los tantos estados de materia (va de pez a pedestre al aerostato)?
¿Eran cartas de amor las que escribía? La respuesta se desliza en los tejados.

Es la última farra de mi vida


Supón que lo aniquilan registros de saudades, y que puede (con un disco) remediarlas (en cierto bar de Brooklyn en pino de Oklahoma.) Esferas como aquella mixtura la ciudad, materia de un orate y extravío. Y que ves cómo resalta (el resorte que tú eres) contra el cielo raso recto, por sus tonos intangibles; y que luego se rasura, solicita su calzado, tantea las urdimbres y radio de su miembro. Entonces dale elipsis, describe su derrumbe. Habrá quien paute el coágulo que deje.



León Félix Batista (1964, República Dominicana) 
Poeta, traductor y ensayista. 

Ha publicado: Tour por todo, Prosa del que está en la esfera, Negro Eterno, Vicio (con el título de Crónico), Burdel Nirvana; Música ósea, entre otros.

lunes

Cuatro poemas de Jenny Bernal (Colombia)

La casa


Bienvenido a esta casa
su casa,
aquí se respira el frío hiel
de ese aliento ausente.
Bienvenido a esta casa
de enojos y lágrimas,
bien pueda siéntese donde sus pasos se agoten
donde su piel se seque,
la casa ha cambiado un poco
-usted perdone-
pero he evitado pintarla
para que las grietas del tiempo
le regalen un poco de ese matiz familiar.
Es la misma casa, no se asuste
esa misma, que construimos hace tiempo
esperando estar lo suficientemente solos
para habitar en ella.


Alquimia de un hombre


Un buen día le observas
despojándose de quien se cree es,
meditabundo en su mirada de miedo
con ese aliento apagado que produce el vacío
reviviendo cadáveres;
con un credo por camino
y las grietas de sus manos
desviándose entre llagas
que tímidamente bordean su corazón.
Va conservando su sombra
bebiendo sonrisas.
Amando,
porque no hay otra forma
de conducir la lava
hacia esas tierras errabundas
y evocar del aire
el soplo
que espanta la muerte.


Sobre los oficios


Incluso para ser mendigo hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio,
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.
Incluso para amar hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio,
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.
Incluso para  olvidar, perdonar…
hay que conocer el oficio.


XIV


Hemos hablado suficiente
del silencio
ahora
entre las ruinas
hablaremos del ruido.
El fuego de vocales extintas
será extraño ante la incandescencia
asechando los oídos.
Salgan a lucirse
conjuradores de la estridencia.
Vengan a brincar entre escombros
con sus palabras torpes.
Ruido es el pasado
ruidoso el eco febril del amor,
el recuerdo.
Ruido el pacto, la historia
la apuesta
los amigos, las personas
simple, banal, inútil ruido…
No indaguemos la mentira de su habla
es el ruido sólo eso,
se agota súbitamente
y vuelve el viejo tema a rescatarnos.
Por fortuna
aún estamos hechos de silencio.


Jenny Bernal. 
Bogotá, 1987. Promotora de Lectura y Escritura en BibloRed (Red Capital de Bibliotecas Públicas de Bogotá). Cofundadora del Festival de Nueva Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta. Miembro del comité editorial de la Revista Contestarte y la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. Ha publicado en Raíces del viento: cinco poetas jóvenes colombianos y preparó la selección y prólogo de Postal del oleaje, poetas nacidos en los 80: Colombia- México.

Tres poemas de Patricio Foglia (Argentina)



Bing Bang


Todo el tiempo ocurre el Big Bang
otra vez las esquirlas de vapor
en su dinámica, giran y giran
para convertirse en asteroides,
en planetas. Nadie comprende
el verdadero origen
de la energía y de la materia.

En 1994
explotó para mí el universo.
Con terror, me tomé de la mano de mamá
y cuando me di vuelta, vi a mi padre
contemplando, en perfecto silencio,
la casa vacía y las estrellas.



Colegio San José


Puse a calentar
la chapita del encendedor
dada vuelta, contra su propio fuego,
para después hundirla sobre mi mano
y dibujar con su forma una sonrisa
lo más parecida posible al logo de Nirvana.

2001, Colegio San José,
tenía quince años y Kurt Cobain,
radiante como un edificio
en plena demolición,
era el póster del placard
de mi corazón aturdido, ¿y cómo no escuchar
en su voz el aullido de los lobos,
de los raros, de todos los resignan
capas y capas de su propio deseo
hasta quedar puro hueso
con tal de encajar?

¿Iría a los tumbos, por la casa
Cobain desorientado como un fantasma,
llorando invisible por los rincones?,

¿O habrá sido un espectáculo
a la vista de todos e incontenible,
transmitido en directo desde la pared,
como el avance de una mancha de humedad?

¿Se habrá sentado a esperar, como un emperador
en su trono, con la mano firme,
sujeta al cetro de la gran decisión ya tomada?

¿Dónde estaban
los conductores de MTV, sus micrófonos
y cámaras, la Revista Rolling Stone,
Courtney Love, Dios, Dave Grohl
cuando un pájaro huyó de su árbol
al escuchar
el estallido de la escopeta?



VHS


Es mi cumpleaños.
Estoy frente a la torta y es agosto,
las luces están apagadas
y las velas encendidas. Tengo siete años.
La cámara nos enfoca reunidos,
mis abuelos, mis tíos y primos, amigos,
mi mamá.

Miro el video, las imágenes
un poco ridículas o intrascendentes
-pero todo está grabado en el cielo,
los ángeles tienen alas
y cámaras de mano,
y nunca miran lo que graban
porque saben que no les pertenece.

Cada quien tiene
un ángel que conserva
su propio video irreductible
y cuando llega la hora indicada
nos lo enseña y reverbera
nuestro corazón.

Todos mis recuerdos
tienen ese brillo, el mismo color y contraste
de las pantallas de mediados de los noventa.




Patricio Foglia nació en 1985, en Buenos Aires. Publicó Temperley, Lugano 1 y 2, La escafandra y Tokio. Coordina, junto con Tom Maver, la revista virtual Malón Malón www.malonmalon.com.ar. Es uno de los colaboradores en el ciclo organizado por Osvaldo Bossi, el Rayo Verde. Estuvo a cargo de Los fuegos de Orc, antología de poesía y ciencia ficción argentina.

jueves

Sobre "Otro caballo herido", de Javier T. Ramos, por Pablo Salazar-Calderón

OTRO CABALLO HERIDO, DE JAVIER RAMOS

(Texto de Pablo Salazar-Calderón)




Otro caballo herido
de Javier Ramos se presenta como un libro iniciático, la oscuridad de su palabra, no exenta de musicalidad, revela apenas el perfil y la mirada de su poesía y las bases de una propuesta ambiciosa, que interpela al lector con grandes preguntas sobre la vida y la muerte, la desintegración de la sociedad o la necesidad de recurrir a nuevas formas poéticas para hablar de la realidad. Esto genera una curiosidad que se traduce en poemas en constante movimiento al interior de ellos, representados desde el título, bajo la forma del caballo.

Esto me recuerda al conocido mito del carro alado de Platón en el cual dos caballos y un cochero representan las partes del alma: uno es un caballo arisco que representa las pasiones y el otro un caballo dócil que representa el deseo del bien, el cochero representa la parte racional del alma. La virtud de estos tres elementos es que mantengan el equilibrio en su camino hacia el mundo de las ideas o el conocimiento.

El prestigio del caballo nos ha ofrecido grandes nombres para nuestro imaginario como fueron Bucéfalos, Babieca, Janto, Balio, su esplendor alcanzó incluso a los dioses en la figura de Pegaso, caballo de Zeus, capaz de cabalgar por los aires y llegar a ser inspiración para aquellos que mirando al cielo encontraron su figura en una de las constelaciones que luego registrara Ptolomeo.

El sujeto poético de estos poemas también mira hacia las estrellas, sigue a su caballo por otros sectores de la galaxia, pero percibe que algo lo retiene en su camino hacia el espacio. En principio, algo ocurre en la atmósfera de Lima que no permite que pueda alzar vuelo, más que eso, no le permite ver con claridad el objetivo.

Al final del primer poema dice:

(Abro cita) “Tal vez nada atraviesa la gravedad que pesa tanto/ yo solo entiendo que el viento errante/ nos trae siempre las mismas hojas decoloradas de otoño/ abonando una y otra vez/ nuestros párpados arácnidos de sangre ” (cierro cita)

En general, estos poemas encierran una tensión, entre el sentido de pertenecer al contexto de una  realidad que lo atrae hacia la tierra, por efecto de su gravedad, y el deseo de trascenderla aunque esto solo se dé por momentos a través de raptos iluminados, producto de la creación humana y la imaginación. Retomando el mito del carro alado, en los poemas de Javier podemos ver reflejada esta tensión continua entre los caballos del alma en camino hacia ese mundo elevado.
Esta poesía Identifica como dice en uno de sus versos, que antiguas telarañas no le permiten abrir los ojos, ese impedimento en su deseo de trascender, sin embargo, lo une a los otros en la sangre. Este conflicto torna errante al sujeto poético, la realidad lo retiene acá (en una Lima por decirlo de alguna manera, terminal), pero su palabra lo conduce a diferentes lugares y realidades, pudiendo establecer contacto con un interlocutor cercano u otro qué podría estar en Marte, pero como dije anteriormente, llevando la carga de una realidad que lo detiene en esta dimensión, dice en el poema Incendio:

(Abro cita): “Y sé que el viento se congela un espejo más allá”(fin de cita).

por otro lado en otro poema dirá:

(Abro cita): La palabra no oculta al sol/ no camina de día/ pero araña las ventanas (fin de cita).

Si bien no puede salir de esta realidad, por esta gravedad que pesa tanto, por sus párpados arácnidos de sangre, sin embargo, a través de la palabra, busca salir de ella, por ello araña las ventanas, para escapar del lugar en el cual se encuentra atrapado.

La vida se presenta como la  fugaz noche de un verdugo, la muerte, que acabará con todo, frente a ello propone al sueño, capaz de alargar un poco más la vida, dirá en unos versos suyos:

(Abro cita): “esta noche es un asesino olfateando esta pared llena fotos/ Y siempre divaga/ toma café para seguir soñando/ esconde los controles remotos al insomnio/ apesta a noche de labios roídos/ a van Gogh arrodillado en el patio del manicomio…”

acabando con la siguiente afirmación. (Abro cita): “mañana solo será una cabeza oxidada de estrellas en una solitaria banca sucia.”



La realidad aparece como una larga noche tétrica, la cual no podemos eludir por mucho tiempo pero ofrece  a través de la poesía breves placebos, maravillosos que la transforman en un espacio no solo más habitable, sino deseable. Dice en uno de sus poemas:

(Abro cita): “un corazón latiendo en un cadáver/ mi corazón danzando en un cadáver/ Luego , los álamos de tu cabello pierden luz a medida que la sombra de Ereshkigal lo posee todo” (fin de cita)

La vida se puede tomar como una cuenta regresiva hacia la muerte, cada segundo pasado es uno menos, como un latido en un cadáver, pero su corazón danza sobre ese cadáver, danza sobre ese destino, como si fuera el último baile, mientras la luz de la existencia se extingue hacia el sueño, el otro mundo, en este caso el de Ereshkigal, diosa del inframundo. Para encontrarse con esa diosa tiene que haber pasado por todo lo que pasó, en los últimos versos del libro lo dice claramente:

(Abro cita): “entendí que su espectro el día que mi padre leyó una fábula sobre el color de los ojos que necesitan de oscuridad para crecer/ Y destellaron los míos por primera vez/ alguna de esas noches/ cuando aprendí a leer los nudos rojos en las líneas mudas de las manos.

El mundo posible, habitable, deseable, amable, necesita ser creado porque este no existe. Se percibe la necesidad de encontrar afuera lo que acá es un páramo, hay tal necesidad de encontrar algo que no esté contaminado, que el sujeto poético emprende un viaje a otros planetas o al mundo subatómico. De alguna manera se presenta como un Ícaro ganado por su deseo de llegar al sol aunque esto le cueste que sus alas se quemen, pero esto no sucede exactamente aquí, ya que a diferencia de Ícaro, es consciente de su lugar en la tierra, no se gana del todo por su pasión, no es como un caballo desbocado que avanza al galope sin sentido, sabe que la noche acaba y que el conocimiento se engendra en saber que también llegará el día, pero por supuesto, pasando primero por la oscuridad.

domingo

5 poemas de Andrea Cabel (Perú)


[En breve cárcel]

Muera lo que deba morir; lo que me callo.
Antonio Gamoneda

Invades el camino,
De punta a punta,

Como una rueda
Y tu nombre mastica una espera
Sentada
Sobre el lomo de un erizo,
Con la mirada en la puerta,
Con tus carencias latiéndote en los ojos
Con tu esperanza en un nombre de estómago amplio

Y mi necesidad de salir del borde del suelo
Para olvidar tu abandono para acariciar por dentro
Esta voluntad donde pende una línea
Como una boca que se abre frente a la voz de un animal que llora.

Te encuentro entre grandes voces semejantes a la mía
Estirando los muros con latas rellenas de piedras
Cubiertas de frutas secas
dulces como el rostro de una anciana
dulces como la mordida de una tormenta
el camino bordeado de plantas de sed, de rostros muertos,
Mírame, llena de puertas cerradas
cubierta de una infancia mal curada

mírame frágil

sabiendo de mi tiempo como una habitación rota
como un colchón sumiso al tiempo
a un cuerpo solitario
nadando entre rabia
y pudor
nadando
austero
inválido.


f

tras ese vacío infinito que colgaba por la ventana, / encontré tus ojos. los encontré verdes y sin fondo. / estaban ahí, / con el vértigo imposible. con las ganas maltrechas. / yo los miré, / adorando la ventana. queriendo irme con ella. yo me acuerdo mucho de ti, / aunque ahora seamos tan distintas. recuerdo las noches, / tú llamabas y yo salía corriendo, / con el corazón en las manos, / no vayas susana. siempre es igual. yo me quedo contigo. / tú te colgabas de mi brazo y no decías nada. me recordabas a la ventana, / al verde cansado que se arrulla solo. / luego, te embarcaba y te rezaba hasta el día siguiente. los días pasaron y tuve que irme. / las charlas en las bancas frías de la noche se tardaron demasiado en salir de aquí. / cada columna de humo se convirtió en una razón más para dejarte libre. sola.


[el beleño] / o la “z”

“la frase vana vuelve y se concierta”.
j. l. l. “comienzo el humo”.

si concentramos nuestra sangre en un mismo punto, te aseguro salvador, lograremos atraparlo. escaparemos de todas ellas, que como púas danzan en el rojo que nos nutre. podremos seducir al recuerdo y recordarlo como al violín amarillo de la mariposa del abuelo, olvidaremos al delfín que se tragó la playa. podremos cogernos de las alas y despegar hacia la tierra de tu madre. llegaremos a olvidar las ventanas y los morados sin camisas de fuerza que tatúen tu pena en los ojos ajenos. no más pianos incrustados en las gargantas de las niñas; salvador, ningún espasmo con nombre propio, ni corazones partidos en isla de escombros. micaela ha muerto como una cantiga al amigo, ha muerto sin cana ni pena, elegante y blanca rodeada de sedosos mantos más blancos todavía. aún queda la tierra que dejó y el cielo para sembrar…podríamos hacer con todo ello una historia, una intensa bienvenida de libélulas a la mudez que te acosa. dejaríamos de pintar ráfagas de lágrimas tintas, cogeríamos un ramillete de fuego para callar a la luna. y sin tentar más al tiempo, sin confundirlo como lo hacen las lápidas con los nombres y las uñas, lo tentaríamos solo como al largo pasadizo incoloro y lleno de luz.


Tu habitación morada en Pueblo Libre

La vida es el costado por donde el mundo se ama
El amor es el sitio por donde yo te vivo
La vida es el flanco por donde yo me pienso
El pensamiento es la única fidelidad del amor.
R. Juarroz

Como la última luz de esta hebra que nace de mi mano abierta,
Recuerdo tu espacio,
Con sus puertas abiertas y cerradas
Con carteles de letras furiosas
Con una red y una espada,
con un balón que mata la ausencia de una paloma retozando
Como la voz de una ambulancia que socorre la madrugada
Recuerdo las células de tu rostro cuando tenías frío,
Cuando tocabas las paredes con la punta de tus manos,
Esperando los maullidos o una letra ambizurda provocándote algo,
Algo, una mirada, un silencio.
Un beso de vaca en medio de las flores y del sol, algo.
Encuéntrame ahora, en ese espacio donde guardas agua,
donde guardas maletas y viajes, donde me guardas en alguna pared,
en algún olvido

Mírame a lo lejos como yo te miro desde este lugar en el que me
visto como tú
En el que coso mis dientes, mis ojos y camino en equilibrio
Como lo haces tú entre tus dos curvas.
Ese reino de tus dos ojos inmensos que gotean
Esa bóveda que busca crecer en otra parte,
esa herida que no alcanza a ver su fondo, y que se adelgaza
Y que rasguña y germina,
Esa es tu caja, dentro de mil otras cajas.
Tu caja fuerte,
Esa es tu habitación morada en pueblo libre.
Ese es el lugar donde puedo oler el sabor dulce de tu alma.

(Inédito)

The Manza tibia code

INCLINADA y sin cualidades, mi espalda te agradece
Se encorva y disuelve todo el control del universo:
Tus tendones y mis nervios, arpegios escogidos para unirse
Y cantar dolorosas sentencias, dolorosas despedidas,
dolorosas bienvenidas
A mi también me duele toda esa belleza
La del lunar de Carmen en tu pierna derecha
La de la forma de tus orejas cuando no encajan en la rutina

La de la mirada dios que no tiene piedad conmigo, ni contigo,
ni con ellos.

Sentarnos sería bueno, entonces.
Colocar un banco y una silla, dejar al gato sentarse también.
Sentarnos sin aspiraciones de postres dulces
o de constelaciones heridas
Solo abrir un sobre amarillo y colocarlo en agua tibia
Y dejar que el azúcar se vaya.
Sentarnos para que la tarde caiga despacio
sin hacer demasiado ruido

Y contar los aretes en una oreja, o en otra
Y darle nombres a nuestra relación: estrella, luna, noche, infierno,
paraíso, nostalgia, bipolaridad, taquicardia, incendio, toxica receta
de galletas de nuez, darle nombres
Y buscar palabras, y buscar relleno en una empanada
Llenar los formularios mientras silbamos

Ver que el sol en el minuto siete u ocho de la tarde se hace rojo,
se hace naranja
Cogernos las pestañas y morder fuertemente nuestra lengua
No decir lo prohibido
No decir sin azúcar, no tan caliente, no tan llena
Dejar que la taza sea una taza y que las palabras sean eso, nada más.

Dejar morir, dejar todos estos cuadernos, todas estas rayas que
suben y bajan, dejar la decepción y la agonía, dejar de lado el
carnaval de la mentira, dejar las botellas sin alcohol porque las dos,
las dos tenemos el mismo diagnóstico: the manza code at six.
Y no soñar demasiado esta vez.
Dejar ir a la mujer que señala la cometa, o a la otra que se borró la
cara, que borró todas sus señales, para no soñar demasiado y para
mantener todavía estos discos que aunque abiertos, aun la
sostienen.
                                                                                                                                               (Inédito).

viernes

5 poemas de Víctor Hugo Díaz (Chile)


MONOLOGO I

- atravesamos el flash del día
indiferentes a ser fotografiados
como el viejo exhibicionista de Supermarket
caído en la tentación de una buena oferta de placer
sacado a patadas por los guardias
hacia la trastienda
la cabeza de chuzo escarchada
llena por dentro el ruido
entre los crímenes del amor
somos personajes de teleserie barata.      me oye
trapos recalentados bajo el clepsidra del cielo
que abre sus negras fauces -

(Una sinopsis. Un informe arrebatado a la muerte)


MONOLOGO III

- soñé la desnudez de Eugenia de Franval
ella desovó una estela de cabellera infantil
hacia el vacío dejado por los autos
Allí por ser lugar inhabitable;
una mano de pintura barata
telón de fondo a la neurosis
masticando entre las piernas el ácido
lo enrarecido de los barrios
figuras de primer plano animado
al ritmo aciago de lo que concluye
sino pregunte a los muertos
y a los muertos sobre muertos
pero si los muertos no hablan
yo David Vincent o cual sea el nombre
capaz de sustentar a sangre fría ciertas cosas
que suelen conducir a la locura

un caudal de rostros
el accidentado que aguarda su turno en la berma
después del goce-

*** 

La noche era el obscuro escenario
                                                  sobre estos barrios
A través del rectángulo de la ventana
solo la visión detenida ... parabrisas sucio
ante el paso de los vivos;
Ellas hablan desnudas junto a la empalizada
la lluvia lava las texturas
Una larga lágrima en el vidrio
divide estas calles entre un signo y otro
Allí tarareamos viejas canciones
tendidos la cabeza en blanco ni mácula
Un rumor doméstico surca el precipicio
penetra rendijas y preña las paredes
La obscuridad se abre ante la verga de Moisés
tan solo en su patio de crónicos ... en secreto
el perro que se arrastra a los pies de un amo sádico
y luego ejecuta en el tablado su número
El que se queda yerto entre la turba imaginaria.


***

PABELLÓN - F

Los enfermeros nos alejaban del frío de la muerte
Espalda contra los muros ..de brazos cruzados
semejando estatuas de sal.
Una pared de libros en blanco divide la sala
La pelota de ping-pong da golpes en la mesa
(sonoros golpes reales)
Más allá unos ojos
huesos endurecidos por la espera
miran sin ver a nadie
en patios amurallados

El humo protagonista donde congregarnos
bajo el sol que sorna
La mitad de su cuerpo ramera pintarrajeada
travestí de si mismo hecho carne
donde nos erguimos una y otra vez
- ustedes quemaron mi rostro en la televisión -
Y aquellas cuencas alucinaban lejos
en el cuadrilátero inmóvil del día.


DÍAS PARALELOS

I

El inmigrante ilegal deja su refugio en la iglesia
Vino a pedir por encontrar trabajo
–Aquí nada se parece a mi país,
ahorita no más llegué y me jode el frío.

Esta mañana cambió todo lo que tenía, en monedas
(la agenda de los conocidos se hace corta)
En adelante, el dedo y la tecla del teléfono
se vuelven el único pasatiempo, contra su voluntad:
personaje inamovible de una historia
con fin y comienzo, pero en la que nada sucede

esa cicatriz de que tanto hablan, la que se adhiere
y se hace huésped permanente
–Mi chancro y yo nos conocemos
me acompaña a mover, cuando salgo con mis hijos
siempre está conmigo.

La esquina más hermosa del barrio fue demolida
(fragmentos de infancia que no le pertenecen)

Hoy inauguraron el nuevo conjunto habitacional:
fachadas recién pintadas, colores brillantes
que contrastan con el gris de sus moradores.

A veces piensa en su pueblo –La Sierra está nevada
en esta época del año
y me hacen tanta falta.

Los lugares ya estaban ahí, en desorden

igual como llegan las arrugas a invadir el rostro
a desfigurar afiches vencidos por la intemperie.

Afuera mueven objetos, amparados por la oscuridad
Las ventanas vibran con el paso
de vehículos pesados
Se hace de noche en la guerra
y reconocer a los amigos es lento;
me asignaron el papel de sospechoso
al que todos quieren cobrar cuentas
en una trama clásica de novela policial.

III

Si había una duda, ahora es indescifrable
–Me sigue dando vueltas en esta tierra de nadie
entre la línea amarilla y el borde del andén.

El abuelo se llamaba Eulogio
pero ella responde a Vanessa o Evelyn
–Así son ahora las chiquillas, primero lo pasan bien
y después se casan.

Piensa en la mujer sobre las vías

Piensa en sus miembros que se desploman
primero unos y otros después
pero casi al mismo tiempo

un solo golpe que no termina de caer
el pesado manojo de llaves.

Víctor Hugo Díaz (Chile, 1965)
El año 2004 ganó el premio Pablo Neruda en su centenario, otorgado por la fundación del mismo nombre.
Ha publicado Comarca de senos caídos, Doble vida, No tocar, Segunda intenciones, entre otros libros.
Es una de las voces poéticas más importantes de su país.



martes

Nelson Bodero comenta "Jardín en movimiento" de Enrique Solinas

Dejamos un breve texto de Nelson Bodero, (Guayaquil, Ecuador), sobre el libro Jardín en Movimiento (Hanan Harawi Editores, 2015) del poeta argentino Enrique Solinas.  En un posta anterior, en este mismo blog, podemos leer poemas de dicho libro.

El trabajo poético Jardín en movimiento de Enrique Solinas, se inicia con un poema largo aliento que se funda desde la incertidumbre ante la muerte: El poeta ha dicho "La soledad será en tu vida lo que el agua a la piedra." Entonces no le queda más remedio que aceptar su soledad al punto de rezarle "Virgencita de la soledad", intertexto que atraviesa el libro. Sus poemas se van ordenando: "La noche en el jardín", "San sebastián", "Cambios climáticos", son poemas donde el poeta ordena o trata de encontrar su relación frente a las cosas, frente a las personas, frente al clima. En el poema "Drag-queen" hace referencia al género masculino: "Porque nosotros somos tan nosotros/que nada más existe./ Todo hombre guarda en su interior una mujer exagerada". Sale a relucir una verdad desde una reflexión acertada. Estos son los momentos de epifanías que sostiene la poesía de Enrique Solinas entre la vigilia y el sueño. También recurre al cuerpo y al espíritu como plataformas con las cuales nos enlazamos al mundo, a la ciudad, en la noche que nos cobija y nos maltrata.




Nelson Fabricio Bodero. Guayaquil (1991)
Estudió Comunicación social y mención en literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
Publicó la antología Ocho Poetas Ahorita en colaboración con Amaru Cartonera de Lima_Perú. Año 2014.
Primer lugar Slam de poesia de Guayaquil 2014.